Keep Walking

Demián – Hermann Hesse

Posted in cultura, Diario, Literatura by Martín on mayo 20, 2010

Las cosas que vemos – Dijo Pistorius con voz apagada – son las mismas cosas que llevamos en nosotros. No hay más realidad que la que llevamos dentro. Por eso la mayoría de los seres humanos vive tan irrealmente; porque cree que las imágenes exteriores son la realidad y no permiten a su propio mundo interior manifestarse. Se puede ser muy feliz así, desde luego. Pero cuando se conoce lo otro, ya no se puede elegir el camino de la mayoría. Sinclair, el camino de la mayoría es fácil, el nuestro difícil. Caminemos.

Pistorius no es, por cierto, la influencia más importante que tiene el joven Sinclair a lo largo de este camino de conocimiento interior, el sendero al destino propio y único de cada ser humano. La imagen siempre presente de Demián, de Frau Eva sí. No se puede sin embargo descartar al organista Pistorius que viene a protagonizar el papel del maestro que se perpetúa a través del alumno, y deja ir al aprendiz cuando el camino ya se le hace largo. Todo buen maestro debe necesariamente ser superado por el alumno, y así sucede con el músico nostálgico.
Mi idea era lanzarme de lleno sobre El Lobo Estepario, pero el análisis agudo del compañero Kana me contuvo y propuso que comenzara con un poco menos de carga, sugiriendo que leyera Demián. El libro me pareció, a primera vista, escueto. Si bien soy un devorador de cuentos y relatos cortos, no creía que una novela de 126 páginas pudiera encerrar tanto contenido. Y aquí donde me ven, esas 126 páginas me llevaron dos larguísimas tardes completas. Es que no pude evitar subrayar, marcar, poner papelitos aquí y allí entre páginas. Fue como abrir la bolsa mágica del gato Félix, allí adentro había más que algo, y lo vi todo.
A veces me vi por esas hojas, encaramado en algún renglón, en algún tramo confuso de ese camino que trataba de ver Emil. El uso del simbolismo religioso que hace Hesse no es para nada enmarañado a pesar de alternar constantemente entre realidad y mito. Es maravilloso leer cómo el escritor nos lleva de manera certera y concisa a través de una línea argumental, de una trama que podría haberse vuelto terriblemente compleja y nos va dejando ideas claras, reflexiones con las que se va armando el cuadro completo.
El libro que me hizo sentir acompañado mientras lo leía, me dejó un sabor agridulce sobre el final. La melancolía de saber que el camino hacia el destino único e irrepetible que habita en cada ser humano, es un sendero yermo, por momentos frío y desolado al que nos aventuramos sin abrigo. Y a pesar de todo, es una senda que quiero recorrer.

La misión verdadera de cada uno era llegar a sí mismo. Se podía llegar a poeta o a loco, a profeta o a criminal; eso no era asunto de uno: a fin de cuentas, carecía de toda importancia. Lo que importaba era encontrar su propio destino, no un destino cualquiera, y vivirlo por completo. Todo lo demás eran medianías, un intento de evasión, de buscar refugio en el ideal de la masa; era amoldarse; era miedo ante la propia individualidad.


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