Keep Walking

Tirando algunas letras por aquí

Posted in Diario, Literatura, Música by Martín on junio 20, 2010

La amenaza de un estado gripal al acecho, el clima, los mates que me están saliendo bárbaros y mi habitación (que resulta ser la más cálida que tengo desde que alquilo) me han predispuesto este fin de semana a la lectura. Mientras la gatita me ronronea sobre las piernas y yo me acomodo en la pila de almohadas que dispuse minuciosamente sobre el respaldar labrado de mi cama, un hilo de vapor dibuja caprichosas volutas naciendo del pico del termo y perdiéndose en el aire a escasos centímetros de la silla que simula una mesa de luz (cuenta pendiente que tengo, junto con la biblioteca, la poltrona y el velador de pie). Escuchando, a muy bajo volumen, el canto tradicional de Ikue Asazaki (recomiendo el disco Utabautayun para una lectura amena) me sumo en un estado de trance que desafía el tiempo y el espacio (estoy cayendo en un cliché, ya lo sé). Puedo pasar el día entero de esta manera, mientras el resto de la humanidad se arrebuja esgrimiendo relojes, revisando brújulas y escudriñando catalejos en busca de rumbos que optimicen la consecución de los objetivos planteados en una lista de tareas diagramada de manera precisa. Creen, realmente, que la vida se les debe ir en metas y objetivos y yo, aquí, sin hacer nada, tengo la profunda convicción de estar ganando mucho más tiempo que ellos.
Estoy llegando, finalmente, a las últimas páginas de Eragon. Necesitaba volver un poco al relato fantástico, por ello hace unas semanas adquirí este primer libro de la saga El Legado, que devoré a pasos agigantados y luego, por una cosa o la otra, dejé de dedicarle tiempo.
Por las dudas, y para no quedarme con las manos vacías a mitad de un fin de semana largo, ayer mismo pasé por la librería y me traje Siddhartha de Hermann Hesse (otra recomendación de Agustín). Por supuesto que me he tomado el tiempo habitual para recorrer mis feeds en Google Reader y apuntar unas cuantas obras más en mi lista de deseos.
Increíblemente rico resulta el universo de Chritopher Paolini, un autor muy prolífico para su edad y que promete bastante. Pero claro, no todo el mundo puede disfrutar de este tipo de relatos. Hay que tener imaginación y los que no la han sabido cultivar a través de los años terminan por perderla, enfrentando una suerte de madurez estéril, que no es preferible al juego infantil de una mente que se mantuvo joven.
Hasta aquí llego en este recreo que me he tomado para estirar las piernas, renovar infusiones y desherrumbrar mis falanges sobre el teclado que ya está juntando polvo.
Más adelante comentaré mis impresiones sobre Siddhartha.

Chidori Hama – Ikue Asazaki


A %d blogueros les gusta esto: