Keep Walking

Tirando algunas letras por aquí

Posted in Diario, Literatura, Música by Martín on junio 20, 2010

La amenaza de un estado gripal al acecho, el clima, los mates que me están saliendo bárbaros y mi habitación (que resulta ser la más cálida que tengo desde que alquilo) me han predispuesto este fin de semana a la lectura. Mientras la gatita me ronronea sobre las piernas y yo me acomodo en la pila de almohadas que dispuse minuciosamente sobre el respaldar labrado de mi cama, un hilo de vapor dibuja caprichosas volutas naciendo del pico del termo y perdiéndose en el aire a escasos centímetros de la silla que simula una mesa de luz (cuenta pendiente que tengo, junto con la biblioteca, la poltrona y el velador de pie). Escuchando, a muy bajo volumen, el canto tradicional de Ikue Asazaki (recomiendo el disco Utabautayun para una lectura amena) me sumo en un estado de trance que desafía el tiempo y el espacio (estoy cayendo en un cliché, ya lo sé). Puedo pasar el día entero de esta manera, mientras el resto de la humanidad se arrebuja esgrimiendo relojes, revisando brújulas y escudriñando catalejos en busca de rumbos que optimicen la consecución de los objetivos planteados en una lista de tareas diagramada de manera precisa. Creen, realmente, que la vida se les debe ir en metas y objetivos y yo, aquí, sin hacer nada, tengo la profunda convicción de estar ganando mucho más tiempo que ellos.
Estoy llegando, finalmente, a las últimas páginas de Eragon. Necesitaba volver un poco al relato fantástico, por ello hace unas semanas adquirí este primer libro de la saga El Legado, que devoré a pasos agigantados y luego, por una cosa o la otra, dejé de dedicarle tiempo.
Por las dudas, y para no quedarme con las manos vacías a mitad de un fin de semana largo, ayer mismo pasé por la librería y me traje Siddhartha de Hermann Hesse (otra recomendación de Agustín). Por supuesto que me he tomado el tiempo habitual para recorrer mis feeds en Google Reader y apuntar unas cuantas obras más en mi lista de deseos.
Increíblemente rico resulta el universo de Chritopher Paolini, un autor muy prolífico para su edad y que promete bastante. Pero claro, no todo el mundo puede disfrutar de este tipo de relatos. Hay que tener imaginación y los que no la han sabido cultivar a través de los años terminan por perderla, enfrentando una suerte de madurez estéril, que no es preferible al juego infantil de una mente que se mantuvo joven.
Hasta aquí llego en este recreo que me he tomado para estirar las piernas, renovar infusiones y desherrumbrar mis falanges sobre el teclado que ya está juntando polvo.
Más adelante comentaré mis impresiones sobre Siddhartha.

Chidori Hama – Ikue Asazaki


Mis cinco centavos

Posted in cultura, Internet, Música, Redes, Sociales, software, tecnología by Martín on marzo 7, 2010

Existen en la web 2.0 miles de servicios disponibles, servicios que se pelean por nuestros datos y nuestros minutos de lectura, así como por nuestros clicks (como es el caso de los clips publicitarios de Google AdSense). Siendo un internauta compulsivo, me he vuelto un crítico muy sagaz (si se quiere usar este término para un tipo que se pasa la vida detrás de un ordenador) en este campo en particular. Por eso, he decidido compartir con ustedes los que yo considero son los mejores servicios web que he utilizado. (No, facebook no es uno de ellos ni en sueños).

GMail

El que quiera discernir conmigo en que este es el mejor servicio de correo electrónico que existió en la historia, deberá contar con argumentos irrefutables o callar y seguir leyendo.
Cuando la web estaba dividida entre los geeks que usábamos yahoo mail, y los cybercafeteros que reventaban el internet explorer 6 con Hotmail, se deslizó apenas el comentario acerca de la posibilidad de comenzar a probar el servicio, en fase beta, de correo electrónico de Google. Y los muchachos no se anduvieron con menudencias, ofrecían la exorbitante cantidad de 1GB de espacio de almacenamiento, además de una interface minimalista, intuitiva y diez veces más liviana que la de sus competidores. Los foros de discusión y los weblogs se abarrotaban de comentarios suplicando por una invitación. El que lograba entrar, a la semana podía empezar a invitar gente conocida, y automáticamente se convertía en aquel pibe que tocaba la pared y en un gesto altruista gritaba “piedra libre para todos mis compañeros”. A partir de ése momento, y gracias a estos entusiastas de la web, el servicio se fue perfeccionando, fue implementando agregados salidos directamente de Google Labs y se mantuvo siempre delante del resto (en mi opinión, sigue estando adelantado a los demás).

Google Reader

Soy un adicto a la lectura de weblogs. No veo fotologs, casi no visito los sitios de noticias locales, probé facebook para ver de qué iba la gran red social y luego de meses lo di de baja. Pero siempre volví a los weblogs. Sin embargo, no podemos recordar visitar todos los días las páginas que nos gustan para ver si hay algún cambio, alguna novedad. Amontonarlas en la lista de marcadores es inútil y aún si uno recordara visitarlas a diario sería improductivo, ya que la mayoría de las bitácoras en las que se escriben artículos de opinión, cuentos, relatos de viajes, el contenido no se actualiza en períodos regulares. La solución (que por cierto es viejísima, aunque muchas de las personas que conozco no la hayan utilizado nunca) es usar un lector de novedades (también conocidos como news readers, feeds readers ó agregadores de noticias). Casi todos los weblogs y las páginas de noticias cuentan con un enlace denominado rss (es un acrónimo para tres estándares, Riche Site Summary, RDF Site Summary, Really Simple Syndication). Uno puede copiar dicho enlace y pegarlo en el agregador que hayamos elegido. No será necesario visitar el sitio periódicamente, ya que el software nos indicará cuando este se actualice. He probado un par de herramientas, entre las cuales está LifeRea (no sé si está disponible para windows), pero me ha resultado muy práctico mantener mi lista de feeds en la web para poder acceder a ella desde cualquier sitio con internet. Además de proveer de unos atajos de teclado muy bien logrados con Ajax, el mismo GReader me ha sugerido una serie de weblogs afines a los que están en mi lista, información que valoro mucho.

WordPress

Si bien comencé publicando artículos en Blogger (la plataforma de weblogs de Google), este servicio no sigue la dinámica de los demás productos de Google. Al menos en el tiempo que yo lo utilicé se mantuvo casi inmutable ¿Habrá Google subestimado el valor de la herramienta? Por un tiempo compartí espacio de almacenamiento en el servidor web del Kana y allí comencé a familiarizarme con WordPress, una plataforma de código abierto en constante desarrollo. En seguida me entusiasmé probando distintas plantillas, adaptándolas, modificando el código, agregando plugins (que cada tanto me hacían desaparecer todo, así que no hay que olvidar realizar los backups del caso). Cansado de lidiar y habiéndome sacado las ganas de probar todo lo que se me antojó, decidí pasarme a WordPress.com y dejar que los desarrolladores se encarguen de mantener la versión actualizada por mí. Y lo hacen muy bien, wordpress no para de agregar instrumentos de administración de contenido muy prácticos y entretenidos.

Flickr

Aunque hasta hace un mes (más o menos) venía utilizando el servicio de álbumes fotográficos de Google (Picasa Web), he comenzado a usar Flickr para ver qué podía hacer esta aplicación de Yahoo por mí. Es cierto que Google le asestó un golpe terrible, sin embargo nunca dejé de sentir cierta simpatía por esta compañía que, al lado de Microsoft, resulta ser una empresa que tiene un trato más ameno con el usuario y no es para nada avara a la hora de brindar servicios útiles. Como decía, hace poco que lo uso pero me ha dejado más que conforme y ha superado con creces a Picasa. La administración del contenido es muchísimo más flexible. Las opciones de privacidad, la organización de las imágenes, los grupos de fotografía en los que uno puede participar y a los que uno puede aportar libremente, lo hacen el mejor servicio de almacenamiento de imágenes existente.

Last.fm

Mi afición por los servicios de streaming personalizados comenzó cuando un amigo me mostró Pandora Internet Radio, pero luego de un tiempo se vedó su utilización fuera de los Estados Unidos. No me llevó mucho sin embargo, encontrar last.fm, otro servicio que me dejó anonadado con la precisión de su motor de búsqueda y la variedad de una base de datos de artistas y temas en constante crecimiento. Last.fm no sólo nos permite crear listas de reproducción, si estamos indecisos podemos escuchar nuestra radio personal que, basada en nuestro historial de reproducción, hará la selección por nosotros. Last.fm además brinda servicios de difusión para artistas independientes (y después preguntan por qué las discográficas detestan internet) y una APi pública gracias a la cual, la mayoría de las aplicaciones de reproducción de medios pueden comunicarse con el sitio y enviar información sobre nuestros temas favoritos, así como recuperar datos para nuestra biblioteca de medios y hacer sugerencias basadas en la similitud de estilos. Pero la cosa no queda ahí, porque last.fm así como flickr, también funciona como red social ofreciendo la posibilidad de crear y participar de grupos. Además, teniendo en cuenta la ubicación especificada en nuestro perfil, el sitio de Audio Scrobler nos muestra una lista de funciones y espectáculos en nuestra zona. La única contra es que lo usé tres años de forma gratuita y luego se volvió pago. Sin embargo, creo que el servicio vale lo que piden.


Obey Your Master

Posted in cultura, Dark Chest Of Wonders, Diario, Música by Martín on enero 24, 2010

Desperté del sueño sudando cromo. Poco podían hacer mis dilatadas pupilas para conseguir el foco inmediato sobre cualquier objeto cercano. Los pulmones y la garganta me ardían como si hubiera inhalado fuego y exhalado plomo fundido. Un torbellino de metal me había arrastrado hacia un estado primitivo. Un estado que recordaba de años oscuros, de hermosos paisajes azules y grises. De parajes gélidos y solitarios. De bosques muertos, sombras huidizas y figuras espectrales.
Todo esto sucedió cuando oí el llamado (“I’m pulling your strings. Twisting your mind and smashing your dreams…”), y lo dejé entrar.
Entregué el alma al aquelarre del amo de las marionetas y ya nada pude razonar.

El ingreso al estadio fue por demás de tranquilo, a pesar de los 60.000 espectadores (más o menos) que terminaron llenando el Monumental. Claro que fuimos a las 17 hs y las bandas soporte recién comenzaban a tocar a las 19.
Agradecimos nuestra suerte al haber elegido la platea Belgrano Alta, ya que disponíamos de sombra mientras en la San Martín la gente se estaba asando al sol.
No duró mucho el entusiasmo porque ni bien arrancó Horcas nos dimos cuenta que el sonido de este lado no llegaba muy bien que digamos pero, como dice el Kana, pensamos que estaban usando a las bandas soporte a modo de conejillos de india (no se lo merecían, Horcas puso mucha garra en el escenario), así que mediando un modesto disgusto, no nos preocupamos demasiado.
Cuando subieron Gieco y D-Mente la cosa seguía sin mejorar. “Estos sonidistas del traste ya no tienen respeto por nadie”, pensé ya cruzando los dedos y temiendo lo peor.
Cuando el estadio oscureció, ví aparecer a Clint Eastwood (The Good, the Bad and the Ugly, 1966) en pantalla y comencé a sentir perfectamente The Ecstasy of Gold, respiré más tranquilo, la cosa parecía haber mejorado.
Mentira. Ni bien quise escuchar el timbre de voz que guía las huestes metaleras, el canto de James Hetfield disparando Creeping Death sobre un público exaltado, me dí cuenta que en realidad me estaba llegando el sonido por el eco de la columna izquierda, desde la San Martín, y por las columnas centrales, pero la columna derecha fallaba por completo. El sonido no llegaba bien a la Belgrano. A mi precario entender no había que ser un hacker para darse cuenta que había un problema eléctrico por ese lado, como se lo comenté a Agustín, porque además, el cartelito del quilmes rock no había encendido y el sonido se recomponía de a ratos como cuando se corta el cable de un auricular.
Al parecer, a los sonidistas les tomó un poco más de tiempo darse cuenta del problema (en campo y en la San Martín parecía estar todo bien) a pesar del indicio más que evidente de una platea entera que apenas se movía, a diferencia del resto del estadio. Por suerte (o al menos toda la suerte que podía llegar a tener en ese momento), cuando llegaron al tema One, se dieron cuenta del moco. Así que por lo menos la mitad del recital lo escuché bien (aunque aún no me convencía del todo el sonido y me arrepentía de no estar haciendo pogo en el campo).
De ahí en adelante todo fue más eufórico.
¿Do you want Heavy?“. “¡Metallica gives you Heavy!” (Hetfield maestro)
Casi me tiro de cabeza cuando empezó a vibrar el cemento de la platea al ritmo de Enter Sandman, pero el calor de las columnas de fuego me achicharraba las cejas y me mantenía en mi lugar. Una munición de fuegos artificiales completó la escena y me fui más que contento, fascinado con estos cuatro jinetes del Heavy Metal que repararon con creces la cancelación del 2003.

The end of the line – Metallica


Después de las fiestas

Posted in cine, Diario, Literatura, Música by Martín on enero 7, 2010

Según algunos programas de televisión, la sensación térmica rondó los cuarenta y siete grados el martes, aquí en la capital santafesina. Puedo dar fe del dato, ya que anduve por las calles a pie desde el mediodía. Dirán que yo elijo los días para guardar la moto. Pues no, es que desde hace unos meses se me dio por caminar más y contaminar menos, además de agregar algo de ejercicio (por mínimo que este sea) a mi rutina. No obstante, hay que tomar las precauciones del caso. En mis idas y venidas compré al paso tres botellitas de agua mineral de diferentes marcas.
Los empleados afortunados que gozan actualmente de sus licencias veraniegas, tirados bajo el aire acondicionado, en alguna pileta, o bien en alguna que otra playa en el vecino país de Lula, serán blanco de sanas e insanas envidias. No de las mías, a mí no me cuadra mucho la alegría brasileña, prefiero irme al Bolsón a fumar algo con Calamaro.
Hará cuestión de una o dos semanas terminé Ensayo sobre la lucidez, de Saramago. Lindo libro. Quiso la suerte (la mala, probablemente) que al comienzo de la lectura de la obra me topara en los medios de comunicación con el trágico (y ridículo) caso Pomar. No pude evitar establecer un paralelismo entre la falta de autocrítica de los medios, la que se daba en la ficción y la que mostraba la realidad, parecía estar asistiendo a una suerte de predicción elaborada por el autor que anticipaba la execrable labor periodística de nuestros días. En ambos casos, ningún cronista se hizo responsable de la parte que le correspondía en el circo estúpido que nos embestía con marejadas de conjeturas, cuando desayunábamos, cuando almorzábamos, cuando cenábamos, etc. La confianza de este lector y ocasional televidente ya había mermado bastante hace años, con esto queda sellado mi paso a un escepticismo absoluto.
El calor me pone de mal humor, pero no voy a repetir el artículo catártico de todos los veranos, los que me conocen sabrán que prefiero perderme en un tugurio oscuro y frío antes que amontonarme a sudar por el sólo hecho de hacer sociales. Así que, nos vemos en otoño 😀
Anoche me entregué al placer de la bebida y el cine, Heineken de por medio me puse a ver Inkheart (corazón de tinta), una película protagonizada por Brendan Fraser, quien últimamente nos tiene acostumbrados al cine de aventura y fantasía. No pude evitar sentirme nuevamente un niño. El film me puso en contacto con ese mundo en el que crecí, con mi solitaria niñez rodeado de libros de aventura. Mi viejo tenía una vasta cantidad de obras que conformaban la colección Robin Hood, esos libros de color amarillo que contaban las aventuras del príncipe Valiente, del niño de la selva, Robin Hood claro, y tantísimos más que junto con otras novelas, enciclopedias y diccionarios llenaban nuestra biblioteca.
La casa de mi abuela también tenía una biblioteca, incluso más grande que la mía. Por estas y aquellas razones yo de pequeño tenía la certeza de que la biblioteca era una parte esencial de cualquier hogar. Caí en la cuenta de mi error con el tiempo, luego de visitar distintas casas y comprobar, incrédulo, que la biblioteca no estaba allí.
¿Cómo se construye la imaginación sin la lectura?
Las generaciones futuras nos entregarán la respuesta. Mientras tanto nos queda la esperanza, o la súplica a la industria del libro para que abrace las nuevas tecnologías de forma menos traumática que la de la música.
Es paradójico, justo cuando me dispongo a echar una cana al aire y me preparo para ver a Metallica en el Monumental, se me da por llenar el teléfono con temas de Dave Matthews y su banda. Es que de viejo uno se pone gagá sentimental, como Ozzy Osbourne. Tal vez no sea la edad. Es muy probable que esté relacionado con un mecanismo de defensa espiritual. Porque, seamos sinceros, estos últimos meses nos han bombardeado con tanta basura (remitirse a párrafos anteriores) y tanto exhibicionismo sebáceo (grasa, para los amigos taringueros), que relajarse con un poco del jazz-rock de esta banda oriunda de un pequeño pueblo de Virginia, con sus historias de satélites y bartenders, no viene nada mal. Un bálsamo acústico entre tanto ruido.

Satellite – Dave Matthews Band


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Vi luz y entré

Posted in cine, cultura, Diario, Literatura, Música, Sociales, Videos by Martín on noviembre 29, 2009

Fue una linda velada la del viernes, una como las que no disfrutaba desde hace tiempo cuando con el Kana, Trapo y Esteban nos adentrábamos en tugurios menos convencionales, pero más cálidos y humanos que el tumulto enajenado de las grandes pistas.
Accediendo de buen gusto a la invitación de la Ceci, confiando a ciegas en su buen criterio, asistí el viernes a la medianoche al Club Independiente de Vecinal República del Oeste (Dr. Zavalla al 2800, calculo que allí ya no es Barrio Roma, aunque están pegaditos). La consigna era juntarse a tomar algo, y escuchar algo de música y, de paso, contribuir con la causa de La Forzada por su Gusto, banda liderada por Maxi (amigo de Cecilia).
En un ámbito sorpresivamente ecléctico (la noche arrancó con folclore y terminó con rock) me encontré con un par de conocidos. Entre éstos últimos estaba Agustín, un ex compañero de trabajo. Le pregunté qué era lo que estaba haciendo ahí, y me dijo que él era el bajista de la banda que habíamos ido a ver (ignorante yo). Debí haberlo sospechado, ya que nos había comentado algo al respecto cuando lo encontramos entre el público de un ciclo de bandas que fuimos a ver con Trapo en la plaza Pueyrredón hace un tiempo.
La Forzada Por Su Gusto tocó una serie de temas propios que me gustaron bastante, y además se dio el lujo de hacer un par de covers (mi espíritu quedó agradecido al escuchar esa versión del tema Bajan del flaco Spinetta).
Ya satisfecho de actividades sociales por el fin de semana (sabrán que soy un poco huraño), el sábado por la noche me preparé un fernet con coca y me quedé a ver la película El Secreto de sus Ojos, en actitud de viejo solterón y borracho, estereotipo al que se sumó mi querida hermana para disfrutar algo de buen cine nacional.
A los dos nos gustó mucho la película, aunque si los medios hubieran contribuido con expectativas más modestas la hubiéramos disfrutado más. Queda pendiente conseguir la novela original, La pregunta de sus Ojos de Eduardo Sacheri, y ver si el celuloide está a la altura del papel en este caso en particular (imagino que así será, ya que el escritor es también el guionista del film).
Para variar, hoy comencé un libro que pinta bastante interesante, Ensayo Sobre la Lucidez, de José Saramago. Me resultó muy curiosa la forma de redacción por la que optó el autor. Alguno sabrá desasnarme diciendo si tal estilo se utilizó sólo en esta obra, o si es algo habitual en este escritor.
En Ensayo Sobre la Lucidez no hay signos de interrogación, ni de admiración. Todo el libro está escrito con puntos y comas, nada más. No hay guiones ni comillas simples o dobles que delimiten el diálogo de los personajes. Cada comentario o línea de diálogo es delimitada con una coma, que es lo único que indica el cambio de interlocutor, además de una letra mayúscula. Al principio me costó un poco adaptarme a tal capricho (o no), pero habiendo avanzado un par de páginas la lectura se me hizo bastante fluida, clara y veloz, deteniéndome sólo a marcar una que otra palabra nueva, como es mi costumbre. A mí me gusta ensuciar los libros, no hay nada que hacer, no pueden ser nuevos para siempre. Nada puede ser nuevo para siempre. Pretender lo contrario sería de maniático.
El libro en cuestión lo compré esta semana porque terminé Elevador, escrito por Luciano Rodriguez (el Buba, para los amigos), obra que promete ser su comienzo en el camino de la literatura. Impecable redacción para este joven arquitecto a quien yo creía hombre de muy pocas palabras. A decir verdad, yo tampoco soy un tipo de mucho diálogo, lo que pasa es que nací con un teclado pegado a las manos, cosa que me ayuda en algunos casos y me complica en otros.
Elevador fue presentado en el concurso de escritores del diario Clarín (¿eso lo convierte en un escritor gorila?), y no sabría decir más ya que no he tenido contacto con el Buba por estos meses. Pero si no se dio allí, en otra oportunidad será, con toda seguridad.
Espero que sus fines de semana hayan sido igual de provechosos o mejores. Yo sólo pasé para escribir algo porque ya me estaba echando mucho de menos.
No encontré el cover de Bajan, pero este no se queda atrás (¿Serrat + The Police? ¡Qué loco man!):



¡Tomen eso Bumpus!

Posted in cine, Diario, Internet, Música, Videos by Martín on septiembre 14, 2009

Summer StoryDesde que tengo memoria, en mi familia hemos sufrido la falta de consideración de algún que otro vecino poco educado. Ya en mi casa de barrio Roma, en calle Tucumán, esto había llegado a su punto más álgido cuando en ocasiones tenía que ver a mi madre cruzar para espetarle severos improperios al camionero de enfrente porque se quedaba lo más pancho mientras sus perros destrozaban no sólo la basura, sino también cualquier pobre cachorro que pasara delante de ese maldito portón rojo y uno tenía que escuchar ladridos, aullidos y demás sonidos desesperantes surgidos de tales escaramuzas.
Es que los camioneros de enfrente eran un caso especial (todavía lo son, aunque yo ya no resida allí). Estos se dedicaban a traer camiones llenos de leña quién sabe de qué parte del noroeste, y con esto también traían todo tipo de alimañas (ratones, lauchas, víboras y arañas de todos colores y tamaños) que indefectiblemente aparecían cada tanto dando vueltas por tu casa. Ni hablar de la flota compuesta de dos vehículos de gran porte y sus correspondientes remolques estacionados en tu vereda, como si se tratase de su garaje (si no me equivoco esto está prohibido según las leyes del municipio, pero la policía que esta a media cuadra en la seccional cuarta tiene muy buenas migas con esta gente).
Para rematar el ejemplo de mala vecindad, estos señores se dedicaban a reducir su cargamento a pura motosierra, en cualquier momento de cualquier día. No, no son caprichos míos, ya los quiero ver a ustedes con resaca un domingo a las siete de la mañana sintiendo que le parten la ventana del dormitorio (porque a veces se les daba por hacer esto en el mismo acoplado que habían estacionado convenientemente cerca de tu habitación).
Las disputas siguen hoy en día, porque mis padres los siguen sufriendo.
Aparentemente al santafesino le creció la ciudad de golpe y como es medio pavote, no se da cuenta que estamos más amontonados que antes y que dadas estas condiciones se hace necesario respetar ciertas reglas de convivencia o nos vamos a terminar matando todos.
Otros casos bastante particulares son los departamentos. Hasta el año pasado yo vivía en un lindo departamento interno que tenía salida por Boulevard Pellegrini. Apenas me mudé yo todavía trabajaba unas diez horas al día y, francamente no andaba con ánimos como para que me interrumpan el sueño. Sucede que me tocaron en suerte dos vecinas, en el departamento enfrentado al mío, ambas estudiantes muy simpáticas ellas y muy jocosas. Al principio me cayeron bien, dos gringas gigantes de no sé qué lugar del interior (tengo mala memoria para la geografía, apenas retengo unas tres ciudades). El tema es que tenían por costumbre acostarse muy tarde y, por las noches, tenía que soportar sus risotadas campechanas y sus alaridos símil karaoke hasta horas en las que ya se me hacía difícil conciliar el sueño. Para variar, escuchaban al piojoso de Ricardo Arjona, muy querido entre el público femenino de bajas expectativas intelectuales.
Una noche salí en pantuflas a golpearles la puerta (no sin antes reunir un poco de valor, las gringas eran grandotas y una sola me podía dar vuelta la cara de un bife) y a invitarlas bajar un poco el volumen. Y me hicieron caso, por esa vez. Un tiempo más adelante, reincidieron en su actitud molesta.
Como yo me levantaba temprano ya que me gustaba desayunar y darme una ducha antes de salir, arremetí en un contraataque estruendoso. Desayuné, prendí la computadora equipada con un amplificador y dos bafles blaupunkt, subí el volumen, puse el Fear of the Dark y entré a darme una ducha lo más tranquilo mientras Bruce Dickinson gritaba como un gallo anunciando las seis de la mañana.
No tuve que insistir mucho, la guerra duró poco y ya un par de días después se notaba que se había impuesto la tregua y un acuerdo tácito acallaba los ruidos antes de las doce de la noche, suficiente para mí.
Mi mala suerte me ha seguido hasta aquí, debo decir con mucho pesar, ya que la vecina de mi nuevo departamento al parecer también se acuesta tarde. Sin embargo, probablemente aquí no quede otra que el diálogo y la mediación, porque esta mujer también se levanta temprano. Es de poco dormir, una Bernardo Neustad en femenino (un poco más rellenita quizás y algo más joven, si se puede ser más joven que la muerte).
¿Aprenderemos los santafesinos a convivir antes o después de tirarnos cosas por las ventanas y enfrentarnos a faconazos por los pasillos? Sólo el tiempo lo dirá.
No quiero extenderme más porque el tema da para largo. Pero no puedo irme sin dejar una referencia a un artículo que encontré en el querido Taringa. Para todos aquellos que mantienen vivo el espíritu de la batalla. Para todos los Mr Parkers que se enfrentan a los Bumpus de al lado vitrola en mano. Existe un CD muy práctico que resulta ser el Patriot de las armas sonoras. Lo han denominado Venganza y contiene 20 tracks que harán temblar al enemigo, o bien lo dejarán al borde del manicomio, esgrimiendo la humillante bandera blanca tras la ventana.
Podemos ir a pasear por ahí y dejar una puerta golpeándose una y otra vez como entregada al capricho de un viento inexistente, poner un obrero imaginario a trabajar con un taladro, exultar sonrisas mientras un niño practica con un tambor de juguete o trata de realizar escalas en un violín calamitoso. Incluso podremos simular un embotellamiento de transito en nuestro departamento, algo muy surrealista por cierto.
Sigan el enlace, pequeños camaradas, y no se rindan. El enemigo se retorcerá en sus trincheras antes que hacernos retroceder un sólo paso.

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