Keep Walking

La Gente de Pueblo Lorti

Posted in Blogudeo, Dark Chest Of Wonders by Martín on noviembre 14, 2008

StormPueblo Lorti queda como a 500 kilómetros de la capital, no tiene más de 10.000 habitantes.
Todos son felices en Pueblo Lorti. O al menos eso parece.
En Pueblo Lorti nadie insulta. Es más, ni siquiera leen libros que contengan insultos… bueno, de hecho no leen casi nada, aparte de los manuales Kapeluz (esos que no ofenden a nadie y hacen prócer hasta al botellero).
La gente de Pueblo Lorti se respeta y se quiere mucho. A decir verdad se quieren demasiado. Bueno, pero como dije, se respetan mucho así que ninguno de los 5000 o 6000 que lo saben le va a contar a la señora de Tonggetti que el señor Tonggetti se acuesta con su prima. Lo que los 5000 o 6000 no saben es que la señora Tonggetti ya conoce el affair de su marido hace rato (éste affair y todos los anteriores) pero si se lo dijera quizá ya no serían la familia que el manual Kapeluz de primer grado enseñaba debían ser.
La gente de Pueblo Lorti es gente muy abierta. Sobre todo las mujeres. Esto último lo comprobé aquella vez que tuve que parar porque se me enculó la chata a mitad de camino en una tarde gris. Llegué con la tormenta. Esa misma noche, unos paisanos sospechosamente amables (la gente no es amable por naturaleza, aunque las figuritas del manual Kapeluz así lo muestren) me llevaron al bolichón del pueblo. Ellos decían que ése era el mejor boliche en kilómetros a la redonda, cosa que no me sorprendía. El comentario venía a colación de la vieja rivalidad que hay entre Pueblo Lorti y Pueblo Stachotta, que eran los mismos gringos que los de Lorti, pero unos 100 kilómetros más a la izquierda del mapa. En Chiken Shit (así se llamaba el boliche, sin “c”) todas las gringas me querían coger y todos los gringos me querían cagar a trompadas. Parece que hacen esto a menudo, es una especie de deporte local bastante primitivo, en donde el extranjero vendría a ser la pelota. Pelota sí, pero no pelotudo (pensé), así que les dije a los gringos que se queden tranquilos, que mi humilde sueldo puede pagar mejores putas que esas (además no me quería agarrar fiebre aftosa o algo de eso) y los invité con unos fernets.


Yo tenía en la facultad un compañero que era de Stachotta (cosa que aquella noche me abstuve de mencionar). Todo el tiempo me comentaba de las bondades de aquel pueblito rupestre. “La gente no tiene los vicios de acá”, me decía mientras chateaba con zorrita19 y le entraba a la Heineken que habíamos comprado en el pub de abajo. Siempre quería convercerme (y convencerse supongo yo) de que aquella vida era idílica. Los dos sabíamos que él no iba a dejar el caño de 3 Mbps de Fibertel, el cable con 120 canales y su puesto de administrador de sistemas para ir a esquilar ovejas. Y francamente a mí no me interesaba mucho lo que contaba, pero le hacía el favor de escucharlo.
En fin, volviendo a la historia. Nadie me despidió cuando me fuí de Pueblo Lorti. Aparentemente tienen algún problema con el hecho de reconocer que son seres humanos, y yo cometí la estupidez de hacerles ver ese hecho. Cuando, por ejemplo, le dije al más chico de los Endoghetto (al más chico de los 18 hermanos) que lo que sentía era envidia se enfureció. “¿Cómo podés decir eso? Eso es algo muy feo”, me dijo exasperado. “Bueno, lo puedo decir abriendo la boca y modulando sonidos”, dije. “Aparte no es nada del otro mundo”,le comenté; “toda la gente siente envidia, toda la gente miente, toda la gente se excita, toda la gente odia y todos sueñan con cogerse a otra que no sea su mujer (muchos lo logran), Ednoghettito. Vas a tener que aprender a manejar eso… y el hecho de que la mitad de los orgasmos que oigas van a ser mentira”. Me quedó mirando un rato y me dijo con cara de extrañado: “¿Las mujeres mienten?”. “Huy! Endoghettito. Son las peores. Tienen siglos de entrenamiento en agresividad pasiva. No confíes en las mujeres hermosas. No seas más amable de lo necesario. Creeme que es más seguro jugar con puñales afilados”. El pibe tenía unos 13 años y escuchaba atento cada cosa que yo decía. El viejo Endoghetto no tardó mucho en allegarse hasta el lugar donde me hospedaba y pretender meterme un bife (cosa que no logró por muy poco). Lo que sí logró es que los 10.000 Lortenses me empezaran a mirar feo. Así que, ni bien estuvo la chata lista, empecé a acomodar el equipaje a la vera de la ruta. Miré alrededor, no había nadie, sólo sentía la brisa caliente de las rutas, estaba sólo. “Nada cambió”, pensé. Encendí un cigarrillo, subí a la chata y seguí para el norte, cruzando los dedos para que no me deje a pata de nuevo.
Así es. La gente de Pueblo Lorti es gente feliz, o al menos eso parece.

Riders on the storm – The Doors
https://vat69.files.wordpress.com/2008/11/riders-on-the-storm-the-doors.mp3%20

2 comentarios

Subscribe to comments with RSS.

  1. Kana said, on noviembre 15, 2008 at 12:28 am

    ¡Ja! Buen cuento, parece “crónicas de un viajante” o “de un agrónomo”😛
    Me hizo acordar al blog de un español hijo de puta que vive en China y tiene conversaciones de esa índole.

  2. TANO said, on noviembre 24, 2008 at 9:25 am

    JAJA!! Muy Bueno, pero… Como llego a Lorti???? je je


Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s

A %d blogueros les gusta esto: