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Visita porteña, la segunda vuelta

Posted in Diario, Sociales by Martín on octubre 13, 2008

La picadita servida

En mayo fue la última vez que este amarillo guampudo se dignó a venir, así que éste fin de semana había que aprovecharlo, obviando las condiciones meteorológicas que se presentasen (fueran las que fuesen).

Gracias a Dios por estos días estamos celebrando un nuevo aniversario del genocidio católico español, genocidio que confirmara nuestro querido prócer Julio Argentino Roca con su efectiva campaña al desierto (haga patria, mate un indio). Francamente, para lo que sirve la patagonia Julio, se la hubieras dejado a los pueblos originarios, les cobrabas diez guitas de impuestos y salíamos derechos.

Picadita Fagocitada

Así que aprovechando las festividades, algunos se fueron para Mar Del Plata, y a otros no les quedó otra que visitar a la familia y los amigos que están lejos. Entre éstos últimos estaba el Kana, que andaba con ganas de comer una picadita como el Tata manda, y no esas mierditas porteñas para maricones, que te dejan con hambre.

Lo llevamos para La City (el de San Martín y Rioja, no el de Recoleta que también es para putos) y nos pedimos una bandeja Super City (o algo así) que decía ser para cuatro personas, pero comimos cinco y quedamos satisfechos. Si mal no recuerdo, la bandeja contaba con salame, queso, pickles, milanesas, papas fritas, empanaditas de carne, sanguchitos tostados, aceitunas y cazuela de salchichas.

El Kana y los últimos en llegar (Sebastián y Lautaro)

Al principio pedimos unos lisos, pero para mi gusto estaban medio flojos. Por eso y por una cuestión de conveniencia de precio seguimos con porrón Stella Artois. De ahí, la mitad se fué a dormir y los demás terminamos en Alto Verde (en El Marqués no había lugar). Cometí el error de pedir un fernet preparado (el Kana tuvo la precaución de pedir la medida de Branca y una Coca), y resulta que lo preparan con Fernet Cinzano (algo bastante parecido al Fluído Manchester). Para la segunda vuelta pedí la medida y lo preparé yo nomás.

Maxi y el pelotudo que les escribe (pueden imprimir la foto, hacer muñequitos vudú, o un juego de dardos, a mí me chupa un huevo)

Decidimos darnos una vuelta por Kwan, a ver qué onda, hace mucho que no salimos de parranda (¿seguirán pasando Bee Gees en la Disco?). Allí nos dirijimos marcando el swing con nuestras melenas. Llegamos y había una cola de poco más de un cuarto de cuadra, así que nos miramos y dijimos ¡Naaaa! Y se fuimo’ a dormir.

Ingenieros Agrónomos deliberando en Alto Verde

El domingo a la noche, cada tanto, caían teresos de punta, así que fué difícil juntar gente para salir. En realidad no juntamos a nadie, como a mí San Patricio me queda a un par de cuadras y al Kana también, nos juntamos a tomar unas cervezas artesanales (ricas, espesas, caras y minúsculas). De ahí nos fuimos a la cosa esa que está en San Luis y Boulevard, esa donde se juntaban todos los homos reprimidos que corren atrás de una pelota (o dos), no sé si se llama Barbarians todavía. Pero como no somos tan trolos y además estaba vacío, nos fuimos a uno de los pocos antros de culto que nos queda de los viejos tiempos de The Fellowship, el Kusturica (cómo me gusta esa fonda de perdición, casi tanto como la vieja Llave). Había mujeres (cosa rara) y nos atendieron muy bien (no las mujeres, me refiero al servicio, la moza que además estaba bárbara).

Toda la noche tratando de embocar un zoom en el escote de la de amarillo (y lo logramos, pero ésta no es la foto...)

Todo me recordaba a las viejas épocas. Los afiches de películas de cine independiente, las paredes rústicas, la iluminación escasa, las chicas que no leen revistas de moda (evidentemente no lo hacen, no es que me lo hayan dicho, y me parece bien) y los precios… Sí, los precios se quedaron un par de años atrás al parecer, porque el fernet salía cinco mangos y el porrón Quilmes seis. En general todo estaba más barato que en el otro lado de Boulevard. Buen lugar para tomar y comer papas fritas.

Allí discurrimos con el compañero Agustín sobre los más diversos temas políticos, culturales, filosóficos y, por supuesto sobre el que no podía faltar, la femme. Organizamos revoluciones, tomamos el poder, lo perdimos, fuimos genios e idiotas después. En fin, lo de siempre.

Agustín: Che Martín, tengo una mina para presentarte. El problema es que no entiende el doble sentido…
Martín: Pero que elegante manera de decirle estúpida.
Agustín: No, no es eso. En realidad, es muy probable que no se ría de tus chistes, pero seguramente vos tampoco entenderías los de ella…
“¿Además de boba, tartamuda?”, pensé. “No puedo ser tan hijo de puta”.
Martín: Dejá japonés. Además me queda en la loma del ojete. Gracias igual.

Y bueno, así pasó la noche, nos despedimos y le prometí que me iba a dar una vuelta por Capital algún día de estos. Sólo que a partir de ahora tendré que prestar más atención a ciertos detalles, como por ejemplo, la corbata colgada del picaporte.😉

2 comentarios

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  1. Kana said, on octubre 14, 2008 at 10:49 am

    Muy buena crónica, te felicito:mrgreen:

  2. Fabricio said, on octubre 14, 2008 at 2:07 pm

    Había algo, lo extrañaba mucho y no me acordaba que era. Son muy pocas las cosas por las que volvería a Argentina y menos a Santa Fe. Viendo las fotos del post me hiciste acordar… eran las monumentales picadas y bajarlas con un liso ni hablar.


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