Keep Walking

La parte mala (una mierda)

Posted in Diario by Martín on agosto 27, 2006

Bueno, acá prendo el ventilador, atajensé.
Cuando salimos del potrero (festejando el cumple de Maxi) medio entonaditos, dijimos “por qué no vamos a un boliche?”(local bailable), nefasta idea.
A dónde vamos? Bueno, dije, me comentaron que a Kwan van buenas mujeres (y esta es la única razón por la que un hombre heterosexual promedio entra a un boliche). Así que encaramos para calle Rivadavia. Para ése entonces ya se nos había unido Nacho (mi nuevo sensei en Análisis Matemático).
Llegamos a la puerta y había una cola de no más de 15 o 20 personas. Nos enfilamos en esa mezcla de jóvenes, viejos, entonados y desesperados. La fila avanzaba muy lentamente. Luego de unos minutos estábamos casi al frente. En el frente mismo estaba “el colo”, un viejo amigo de la secundaria que recuerdo con cariño (más allá del empujón que me diste cuando estábamos jugando al básquet en segundo año, je!).
Y bueno, en esa posición estuvimos muchos minutos, demasiados para mi gusto. En un momento empezamos a hacer causa común con los que estaban detrás nuestro, que ya comenzaban a impacientarse porque el patovica no paraba de hacer salir gente, pero nunca dejaba entrar. La desesperación comenzó a ser más evidente cuando veíamos que se estaban llendo muchas mujeres. Qué vas a hacer? Nos vas a dejar entrar cuando no hayan minas, salame? Aparentemente la proporción era algo así como “salen 100, entran 2”.
Cuando por fin logramos pasar, nos dieron la tarjeta de consumisiones con el correspondiente (molesto) ticket de vaso. Conseguimos una mesa. Casi levanto una mano para pedir cerveza, cuando me acordé que en esos lugares de mierda, no te sirven, tenés que ir a rogar por un porrón a la barra.
Como tenía ganas de ir al baño, decidí que luego iría a la barra de la pista, para ver el panorama.
Será posible que también haya que hacer cola para ir al baño? Bueno, pasa en los mejores lugares, a no desesperarse. El problema se presenta cuando llegás al orinal y querés hacer tranquilo lo tuyo, mientras una hilera de pendejos meones te apura desde atrás. En fin, ya me estaba empezando a enojar.
Vamos con Eugenio hasta la barra. Fué toda una excursión llegar hasta el fondo de la pista. Yo ya miraba con ganas de trompearme con alguien.
Llegamos, decía, hasta la barra. Nos atendieron. Pedimos Heinekens y nos dieron unas botellitas que pueden llegar a alcanzar para dos vasos y nos fajaron $6,50 (en otro lado no me importa pagarlo, pero ahí…). Dejamos los podridos tickets de vaso, y vuelta a hacer una excursión para llegar hasta las mesas.
Bueno, mientras yo seguía despotricando contra los boliches tomamos las cervezas, después pedimos unos fernets. Tuvimos que ir a fumar al pasillo. Los pendejos pasaban y te empujaban. Pendejo de mierda, un poco más de respeto, podría ser tu padre carajo! Y no me mirés feo que te doy un bife!
Uno sólo salvó a la reputación, pidiendome permiso para pasar. Sí, así tiene que ser. A mí los pendejos no me empujan, y las minas no me dan vuelta la cara. A éste viejo gatero se lo respeta carajo!
Cuando iba por la pista, me crucé cun un vago que me dijo “yo a vos te conozco”; sí, dije yo, “de la facultad”, y seguí caminando tratando de hacer memoria (con las tres neuronas que me quedaban) para recordar quién era.
Como siempre que fuí a un boliche, para las mujeres fuí transparente. No transparente de “inocente”, sino mas bien de “inexistente”. Pero bueno, ésto puede estar justificado, ya que en el estado en que me enconraba yo tampoco me hubiera dado bola. El tema es que si ofendí a alguna chica conocida, lo lamento, estaba como tigre enjaulado.
Cuando llegué a la barra a devolver el vaso me dicen:”No, acá no hay más tickets, tenés que devolverlo en la barra del frente”. (Y la reputa madre que los parió!). Vuelta al frente. Cuando llego a la barra del frente, me tuvieron con el vaso no sé cuanto tiempo (porque a estas alturas iba con el vasito de acá para allá como si llevara una muestra de orina), hasta que una flaca creo, me pregunta “qué necesitás?”. Qué necesitas!?!?! Dame el ticket de vaso. “Cómo?”. El ticket, esa porquería cuadradita que me dieron a mí y a todos estos exconvictos que se afanan hasta las canillas del baño. EL TICKET!! O te meto el vaso por el culo y te pateo hasta que cagués ceniceros!… “Ah, querés el ticket?”…
En fin. Si mal no recuerdo creo que la encontramos a Judith (compañera de trabajo), aunque debo ser sincero, si la cruzaba sólo capaz que pasaba de largo. Ahí ya no reconocía a nadie.
Fuimos a pagar. La mina de la caja no tenía cambio. Yo no quería dejarle ni cincuenta centavos. Pero bueno, guardatelos y cuando termines podés hacerte una enema de moneditas.
No puedo explicar la sensación que tenía al salir a la vereda. Bien! Freedom! Vuelvo a ser Martín, ya no el sujeto sospechoso número 854.
Cuando iba caminando con Esteban y Nacho me doy cuenta que no tengo las llaves de mi casa (Ouch!). Me cago en la putísima madre! Volvimos hasta el boliche. Ya iba a hacer lío si no me dejaban entrar. En cambio, el portero, lo más bien me dice: “Si, pasá flaco” cuando le comenté lo de las llaves. (Qué te hacés el buenito, imbácil!. Pensamiento violento que predominaba en mí). Las busqué entre las mesas y nada. Empiezo a caminar hacia la pista. Llegando al borde de la misma, me detengo, levanto la cabeza, veo esa masa informe de ganado en actitud espasmódica, me despido de mis llaves (mi llaverito de Okinawa, mi destapador de cerveza, snif…), pego media vuelta y me retiro.
Quizá exageré un poco. Quizá sean mañas de viejo que ya me atacan. Lo cierto es que en la vieja disputa entre pubs y boliches, yo siempre preferí el pub. Otro hecho cierto: a ninguna de las mujeres interesantes que conocí la conocí en un boliche. Por qué siempre pensé que debía ser así? Pensamiento masivo tal vez.
Al parecer, el teniente quiere enfundar la espada, colgar el rifle en la chimenea, fumar una pipa de tabaco tomando un black label y recordando viejas batallas nunca más peleadas.
Salud!

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Una respuesta

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  1. Kana said, on agosto 29, 2006 at 12:24 am

    ¡Mi llaverito de Okinawa!¡Traidor!¡Te desheredo!


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