La Fernández Fierro en Santa Fe
A principios de este año y por motivo de una mudanza en trámite, entre otros, me la perdí a Alanis Morissette en su visita a la Argentina. Desde ése momento me prometí no perderme más un espectáculo por pereza, o por lo menos no perderme la mitad de las presentaciones que prometí no perderme (y ya me estoy enredando mucho).
Con esta consigna en mente me fui a Buenos Aires a ver a Aimee Mann, recorrí unos cuantos lugares y me volví para Santa Fe.
A pocos días de mi regreso me topé fortuitamente con un letrero publicitario de esos que pegan en el frente de las obras en construcción que anunciaba la presencia de la Fernández Fierro en el ciclo Los Lunes del Paraninfo, que organiza el foro cultural de la UNL.
Gracias, de nuevo, al amigo Kana yo ya había leído algo respecto de esta orquesta típica, y había visto algún que otro video que ciertos aficionados publicaron en la web.
Me acerqué a comprar la entrada que, para mi sorpresa, fue otro gran hallazgo ya que asistir a un espectáculo así por veinte mangos es una ganga.
La orquesta esta compuesta por tres violines, una viola, un violoncello, un contrabajo, cuatro bandoneones, un piano, y la voz de Walter Laborde.
Agustín me había comentado que la orquesta estaba muy buena y, a mi entender, puede incluso haberse quedado corto.
Cuando llegué, esperé un rato afuera con pocas esperanzas de encontrar a alguien conocido. Grata sorpresa me llevé al ver que llegaban Germán, el Javi y su novia, y que sus padres ya estaban dentro, reservando unos cómodos lugares en segunda fila. Así que con localidades colmadas y asientos sin numerar, entrando sobre la hora, conseguí una ubicación magnífica.
Me pareció ver de vez en cuando una que otra gota de sudor perdiéndose en los pliegues de algún fuelle, símbolo de la euforia y el frenesí que estas personas ponían en cada nota. Y a ése ritmo se mantuvieron hasta el final.
El grupo intercaló temas meramente instrumentales, con otros cantados por el Chino Laborde, un personaje que según concluimos después parecía ser una mezcla entre el Piti Alvarez y Miguel Abuelo.
Sabemos que puritanos y directores técnicos abundan en esta nación futbolera, y alguno que otro expresó a la salida cierto desacuerdo con la performance del Chino. Lo cierto es que sin él, según lo veo yo, el espectáculo carecería de alma. El chino es el que canta, el que actúa, el que tiene algún que otro arranque de locura extravagante entre las letras del tango, y es el que aviva al público cuando se sume en la contemplación pasiva.
Y, por cierto, es la cara de una orquesta que de típica sólo tiene los instrumentos.
Para mí el espectáculo fue impecable en todo sentido y no sólo en lo instrumental como opinan algunos fruncidos. El tango es de arrabal, pibe, no esperes encontrar a Luis Miguel engominado y perfumadito pateando estos tablones.
Las fotos me salieron horribles, aunque no lo crean estando en segunda fila salieron llenas de cabezas. Igualmente, a modo de testimonio, subí un par en un álbum de picasa.
Un videíto bastante viejo, a modo de compensación:









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