Keep Walking

Yo creo.

Posted in Diario by Martín on junio 5, 2012

Yo creo que ya es tiempo de que volvamos a hablar vos y yo.
¿Hasta cuándo vas a fingir la musa perdida que nunca tuviste?
Vamos, que aquí nadie ha perdido los dedos.
¿O acaso tenés mejores planes ahora que la sensación térmica está llegando a cero?

Tagged with:

Yo protesto contra esa cosa abstracta

Posted in Diario, política by Martín on marzo 13, 2011

Así es, yo protesto contra la sensación de inseguridad, he dicho. Aprovecho además la ocasión para convocar una marcha multitudinaria contra la percepción de injusticia y, en la misma, haremos acopio de firmas para que se declare inconstitucional la idea del hambre.
Si eso no es ser un ciudadano argentino políticamente comprometido, no sé qué pretenden de mí.

Sabrán disculpar tan aberrante exordio, es que ando un tanto irritable por estos días, estas gripes de verano que te hacen temblar y sudar la gota gorda son verdaderamente molestas y, para empeorarla uno tiene que andar por ahí socializando con la burrada de congéneres que le tocó en suerte. Así no se puede.
Como buen agnóstico declarado no hace falta que explique lo que me irrita escuchar a la gente protestar, venerar, o convocar entidades ideales según convenga al despliegue histriónico que se aduzca para caer en gracia al vecino.
Es que si queremos que las cosas cambien, las protestas tienen que ser con nombre y apellido, para eso hay responsables democráticamente elegidos. Y no hablo ya de simples protestas, porque cuando los nombres se acompañan de pruebas y el sistema legal funciona, las protestas se convierten en acusaciones irrefutables y entonces, quizás entonces, se logre un cambio de rumbo.
Los conciertos por la paz, por poner un ejemplo, siempre han demostrado ser un medio eficaz para la recolección de fondos (y un fabuloso cartel de promoción comercial), pero la paz nunca se dio por enterada del asunto ¿No sería mejor titularlos de otra forma? Por ejemplo “Concierto para que José Polvorón se deje de jorobar y no le tire más cohetes al de al lado”. Bueno, es cierto, eso se parece a uno de esos grupos de facebook que, llegado el caso, tampoco sirven para nada. Pero ya se van haciendo a la idea.
No recuerdo bien en qué libro (probablemente uno de Nietzsche) había leído, simplificando a muy groso modo, que aludir a fuerzas superiores era la mejor manera de someter a los demás. Así, un pastor que se somete a la voluntad divina delante de su pueblo, adquiere a su vez una autoridad irrevocable. “No lo ordeno yo, que apenas soy un humilde servidor, se lo ordena vuestro dios”.
Hay muchos ejemplos de lo útil que puede resultar aludir a entidades abstractas. Paz, justicia, Dios, Estado. Y estamos educados para venerarlas porque mientras cuarenta millones de pavotes se junten en una plaza a protestar contra la inseguridad, en vez de pedir que rajen a patadas al comisario Juan de los Palotes o que los ediles de turno se junten a forjar un plan concreto de país, en el que nadie piense siquiera en delinquir; mientras esto no suceda, pienso, tales movimientos seguirán siendo fútiles y banales. No sólo eso, sino que los lemas que adornen las pancartas de tales marchas alimentarán la parafernalia proselitista en las próximas elecciones y adornarán los volantes que ensartarán por los ojos a millones de incautos.
Algo parecido me sucede cuando escucho alguno de estos nuevos grupos de música centroamericanos, que con ritmos pegajosos (como el sudor de la axila al viento caliente de verano, para que no se interprete de manera poética) le cantan a la injusticia social, la desigualdad económica y la pobreza extrema. Vamos, no me joroben más, cada pueblo tiene el país que quiere, a mí no me mueven un pelo.
¿A quién se le hace daño cuando se dice que el mundo es injusto?¿Andará por ahí el señor mundo angustiado por tales declaraciones?
Totalmente desencantado, a riesgo de pasar por insensible, me he visto obligado a cerrarme ante tales manifestaciones conceptuales, sobre todo si salen de la boca de gente que no sabe pronunciar la letra erre (perdón, me salió el fundamentalista lingüístico de adentro).
Cerrando este discurso febril y sin sentido, he aquí mi propuesta: Leamos e informémonos más y dejemos de llenar el éter con tanto bullicio insustancial, que lo único que hace es caldear los ánimos.


Lecturas de verano

Posted in cultura, Diario, Literatura by Martín on febrero 2, 2011

Mi verano comenzó lleno de ficciones, la lectura entre amansadoras esperas de toda índole favorecen la alienación de los viajes imaginarios que sólo los bibliófilos conocen. Claro está que sin una correcta climatización cualquier actividad, sea esta intelectual o no, se vuelve imposible. Pero los balcones, la sombra de los aromos y algún aire acondicionado ajeno pueden brindarnos el punto propicio para efectuar el salto hacia otro universo. Así de simple puede ser emprender semejante viaje.

DekitaDekita llegó a mis manos, mejor dicho, a mi computadora desde Nada En Especial. Incluso antes de que esté allí publicado tuve la suerte de contar con un ejemplar borrador que Agustín tuvo la bondad de compartir conmigo. Se trata de un libro de cuentos que recopila algunas de las publicaciones que Agustín Kanashiro, autor santafesino, ha realizado en su weblog. Los relatos, de una concisión envidiable, transcurren entre la ficción y el realismo sucio propiamente dicho. Entre todos ellos, mi favorito ha sido Ana Carolina, no tiene desperdicio. Creo que coincidirán conmigo en esto último cuando lo lean ustedes mismos.

En costas ExtrañasEn costas Extrañas es una novela de Tim Powers, a quien muchos reconocen como creador del movimiento Steampunk. Este libro me lo había recomendado Eugenio, ya que ambos hemos sido fanáticos del juego Monkey Island (aventura gráfica de Lucas Art), y cuando le comenté que las películas de piratas protagonizadas por johnny Depp me recordaban mucho a dicho juego, él me dijo que, a su vez, el juego le recordaba a este libro. En fin, después de semejante embrollo, si les gustan las historias de piratas en el Caribe, los ritos vudú y los barcos fantasma, es recomendable que lean éste libro. Una aventura épica en costas de bucaneros.

19841984 es un libro de ficción futurista escrito por George Orwell. Comencé a leerlo con cierto recato, porque en un principio el relato me pareció abiertamente anti socialista (cosa que no sería extraña, tomando en cuenta el año de edición del mismo). Pero al cabo de unos capítulos me dejé llevar por la ficción, dejé de lado estos prejuicios erróneos sobre un autor que no se los merece, y me terminó gustando mucho ¿No vivimos actualmente en la sociedad del Gran Hermano? Entre éste y otros interrogantes podemos además, encontrar verdaderas premoniciones dignas de Nostradamus. Tenía cierta duda con respecto a las implicancias del acotamiento actual del lenguaje y Orwell ya lo había previsto en la década del cuarenta:

“¿No ves que la finalidad de la neolengua es limitar el alcance del pensamiento, estrechar el radio de acción de la mente?”

“Cada año habrá menos palabras y el radio de acción de la conciencia será cada vez más pequeño.”

Y un cuadro de las potencias mundiales, pintado desde el pasado:

“El problema era mantener en marcha las ruedas de la industria sin aumentar la riqueza real del mundo. Los bienes habían de ser producidos, pero no distribuidos. Y, en la práctica, la única manera de lograr esto era la guerra continua.”

Con estas tres citas no pretendo arruinarles la novela. Podría copiar unas cuantas más, pero sería demasiado.


¡No tan rápido, que estoy viejo che!

Posted in Blogudeo, cultura, Diario, Literatura, tecnología by Martín on diciembre 24, 2010

kung fu quelonio

Caramba, tanto tiempo he pasado disfrutando mis ensueños que casi me olvido de desear Felices Fiestas a la compañía bloguera con la que tanto me gusta compartir este espacio.
Escribo, les comento, casi a punta de pistola. En un principio, las personas que conozco me recomendaban muy cálidamente y en tono amistoso que vuelque algunas letras, de vez en cuando, en esta web para no perderme de vista. Los oí, pero no les obedecí (mea culpa) y ahora están aquí, a la puerta de mi casa lanzando improperios, blandiendo antorchas, tridentes y pantuflas sucias, expresando su descontento con mi actitud indiferente.
Muchas cosas han pasado desde aquel artículo del 20 de junio. En materia de libros, vengo un tanto remolón aunque sigo, a ritmo quelonio pero a paso firme.
Siddhartha resultó ser un libro maravilloso. A partir de allí, el camino de la iluminación me llevó hasta El Lobo Estepario, que me sumió por momentos en la oscuridad absoluta. Necesitaba, después de las noches gélidas y el vodka mal destilado de Hesse, algo que eche mi mente a volar, y por eso volví a El Legado. Eldest, que sigue a Eragon en la saga de Paolini, es un poco más largo que el primero pero aclara muchas incógnitas, está plagado de acción y sobre el desenlace se pueden ver dos protagonistas, el propio Eragon y su primo Roran, quienes luchan en dos frentes de una misma guerra. Lo más interesante, a mi entender, de esta parte de la historia es la revelación del mundo de los elfos en los bosques de Du Weldenvarden, la magia y la naturaleza se funden en este relato fantástico que ante mis ojos comienza a emparejarse con el mundo de Tolkien.
Hoy mismo finalicé la lectura de Las venas abiertas de América Latina, de Eduardo Galeano. Sin ser historiador ni economista, Eduardo Galeano ha sido el que mejor comprendió la realidad socio-económica de América Latina, y en este libro lo comparte con nosotros. Señalé un montón de pasajes en mi Kindle, pero voy a obviar las citas para no extenderme demasiado, es que se me hace tarde y esta noche es noche buena. Todos los que vivimos en este continente títere, creado y criado para perder, deberemos tragar el orgullo que nos divide en naciones (una división inducida por conveniencia) y entender por qué somos lo que somos y, por supuesto, comprender de una vez por todas cómo funciona la ecuación capitalista: para que uno sea extremadamente rico, miles tienen que ser desesperadamente pobres. Creo que es una lectura obligada para todos los que vivimos al sur del estado de Texas y, sin embargo, ha sido sistemáticamente ignorada por la comunidad educativa (como era de esperarse).
Como verán, la inversión que hice en este aparatito (el Kindle 2) ha dado sus frutos, aunque cada vez que entro en la librería (todavía me parece el mejor lugar para comprar regalos) el papel me llama desde los estantes. Por otro lado, como los editores hispanos siguen siendo reacios a la plataforma, la mayoría de los libros los descargo sin pagar un peso (pura piratería) y los paso al lector de libros electrónicos mediante una aplicación muy completa que se llama Calibre y que está disponible en los repositorios oficiales de Ubuntu.
Recientemente me han llegado correos con ofertas crecientes de libros en español en la tienda de Amazon, aunque todavía son muy pocos en comparación con los que hay disponibles en inglés. No es una mala inversión, ya que el libro se asocia a nuestra cuenta y aunque el Kindle termine sus días trágicamente bajo las ruedas de un colectivo de la línea 16 (nefastos colectivos que llegan desde el Tártaro para amasijarnos), la compra no se pierde y se puede descargar cuantas veces la necesitemos.
Y ya me pasé de las quinientas palabras, así que calculo que el sopor y el aburrimiento habrán abatido a los más curiosos. Sólo me queda escribir que este año me ha regalado mis sueños más hermosos, ya no tengo vanas obsesiones, estoy libre y feliz. Para estas fiestas les deseo lo mismo a todos.


Tirando algunas letras por aquí

Posted in Diario, Literatura, Música by Martín on junio 20, 2010

La amenaza de un estado gripal al acecho, el clima, los mates que me están saliendo bárbaros y mi habitación (que resulta ser la más cálida que tengo desde que alquilo) me han predispuesto este fin de semana a la lectura. Mientras la gatita me ronronea sobre las piernas y yo me acomodo en la pila de almohadas que dispuse minuciosamente sobre el respaldar labrado de mi cama, un hilo de vapor dibuja caprichosas volutas naciendo del pico del termo y perdiéndose en el aire a escasos centímetros de la silla que simula una mesa de luz (cuenta pendiente que tengo, junto con la biblioteca, la poltrona y el velador de pie). Escuchando, a muy bajo volumen, el canto tradicional de Ikue Asazaki (recomiendo el disco Utabautayun para una lectura amena) me sumo en un estado de trance que desafía el tiempo y el espacio (estoy cayendo en un cliché, ya lo sé). Puedo pasar el día entero de esta manera, mientras el resto de la humanidad se arrebuja esgrimiendo relojes, revisando brújulas y escudriñando catalejos en busca de rumbos que optimicen la consecución de los objetivos planteados en una lista de tareas diagramada de manera precisa. Creen, realmente, que la vida se les debe ir en metas y objetivos y yo, aquí, sin hacer nada, tengo la profunda convicción de estar ganando mucho más tiempo que ellos.
Estoy llegando, finalmente, a las últimas páginas de Eragon. Necesitaba volver un poco al relato fantástico, por ello hace unas semanas adquirí este primer libro de la saga El Legado, que devoré a pasos agigantados y luego, por una cosa o la otra, dejé de dedicarle tiempo.
Por las dudas, y para no quedarme con las manos vacías a mitad de un fin de semana largo, ayer mismo pasé por la librería y me traje Siddhartha de Hermann Hesse (otra recomendación de Agustín). Por supuesto que me he tomado el tiempo habitual para recorrer mis feeds en Google Reader y apuntar unas cuantas obras más en mi lista de deseos.
Increíblemente rico resulta el universo de Chritopher Paolini, un autor muy prolífico para su edad y que promete bastante. Pero claro, no todo el mundo puede disfrutar de este tipo de relatos. Hay que tener imaginación y los que no la han sabido cultivar a través de los años terminan por perderla, enfrentando una suerte de madurez estéril, que no es preferible al juego infantil de una mente que se mantuvo joven.
Hasta aquí llego en este recreo que me he tomado para estirar las piernas, renovar infusiones y desherrumbrar mis falanges sobre el teclado que ya está juntando polvo.
Más adelante comentaré mis impresiones sobre Siddhartha.

Chidori Hama – Ikue Asazaki




Demián – Hermann Hesse

Posted in cultura, Diario, Literatura by Martín on mayo 20, 2010

Las cosas que vemos – Dijo Pistorius con voz apagada – son las mismas cosas que llevamos en nosotros. No hay más realidad que la que llevamos dentro. Por eso la mayoría de los seres humanos vive tan irrealmente; porque cree que las imágenes exteriores son la realidad y no permiten a su propio mundo interior manifestarse. Se puede ser muy feliz así, desde luego. Pero cuando se conoce lo otro, ya no se puede elegir el camino de la mayoría. Sinclair, el camino de la mayoría es fácil, el nuestro difícil. Caminemos.

Pistorius no es, por cierto, la influencia más importante que tiene el joven Sinclair a lo largo de este camino de conocimiento interior, el sendero al destino propio y único de cada ser humano. La imagen siempre presente de Demián, de Frau Eva sí. No se puede sin embargo descartar al organista Pistorius que viene a protagonizar el papel del maestro que se perpetúa a través del alumno, y deja ir al aprendiz cuando el camino ya se le hace largo. Todo buen maestro debe necesariamente ser superado por el alumno, y así sucede con el músico nostálgico.
Mi idea era lanzarme de lleno sobre El Lobo Estepario, pero el análisis agudo del compañero Kana me contuvo y propuso que comenzara con un poco menos de carga, sugiriendo que leyera Demián. El libro me pareció, a primera vista, escueto. Si bien soy un devorador de cuentos y relatos cortos, no creía que una novela de 126 páginas pudiera encerrar tanto contenido. Y aquí donde me ven, esas 126 páginas me llevaron dos larguísimas tardes completas. Es que no pude evitar subrayar, marcar, poner papelitos aquí y allí entre páginas. Fue como abrir la bolsa mágica del gato Félix, allí adentro había más que algo, y lo vi todo.
A veces me vi por esas hojas, encaramado en algún renglón, en algún tramo confuso de ese camino que trataba de ver Emil. El uso del simbolismo religioso que hace Hesse no es para nada enmarañado a pesar de alternar constantemente entre realidad y mito. Es maravilloso leer cómo el escritor nos lleva de manera certera y concisa a través de una línea argumental, de una trama que podría haberse vuelto terriblemente compleja y nos va dejando ideas claras, reflexiones con las que se va armando el cuadro completo.
El libro que me hizo sentir acompañado mientras lo leía, me dejó un sabor agridulce sobre el final. La melancolía de saber que el camino hacia el destino único e irrepetible que habita en cada ser humano, es un sendero yermo, por momentos frío y desolado al que nos aventuramos sin abrigo. Y a pesar de todo, es una senda que quiero recorrer.

La misión verdadera de cada uno era llegar a sí mismo. Se podía llegar a poeta o a loco, a profeta o a criminal; eso no era asunto de uno: a fin de cuentas, carecía de toda importancia. Lo que importaba era encontrar su propio destino, no un destino cualquiera, y vivirlo por completo. Todo lo demás eran medianías, un intento de evasión, de buscar refugio en el ideal de la masa; era amoldarse; era miedo ante la propia individualidad.


Seguir

Recibe cada nueva publicación en tu buzón de correo electrónico.

%d personas les gusta esto: